Arte y Cultura fotos wannabe elisa

Publicado en: 20 Abril, 2017 | Por J. Manuel Sánchez

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“Wannabe”: el apabullante relato fotográfico de las ‘Love Dolls’ japonesas

“Wannabe” (La Fábrica, 2017) es un impactante proyecto fotográfico que nos acerca a la realidad de las love dolls japonesas. Su creadora, la fotógrafa Elisa González Miralles, viaja a Japón en el año 2002 y descubre la costumbre de “sustituir” a mujeres reales por muñecas hiperrealistas.

En 2013 vuelve a tierras niponas y se encuentra con la paradoja de que las propias mujeres adaptan sus formas, e incluso alteran su aspecto físico, para convertirse en réplicas de estos productos artificiales, anatómica y físicamente perfectos, pero carentes de alma.

Nos reunimos con Elisa para hablar de su primer trabajo editado, donde reflexiona y hace reflexionar sobre las relaciones interpersonales, los estereotipos, la construcción de identidades y la cosificación de la mujer.

¿Qué te impresionó más de tu primer contacto con las Love dolls?

La similitud con una mujer real. Tanto a distancia como en fotos es difícil apreciar las diferencias. Si las ves de cerca y las tocas, obviamente se distinguen, pero a cierta distancia te puedes llegar a confundir, porque son del mismo tamaño y medidas que una mujer mediana.

Introduces el pez globo como símil del subconsciente de las chicas japonesas que quieren parecerse a estas muñecas.

El trabajo está desarrollado en Japón pero es extensible a todo el mundo. Utilizo el pez globo como un elemento simbólico que representa el subconsciente de las mujeres, que están sometidas desde el momento en el que nacen a unos roles que tienen que cumplir y a satisfacer unos deseos predeterminados. Muchas veces lo hacen sin plantearse que pueden existir otros caminos, es decir, de forma totalmente inconsciente. De ahí el doble juego con el pez globo; su carne es exquisita pero al mismo tiempo contiene una toxina que paraliza los músculos de quien lo consume, manteniéndole consciente pero inmóvil antes de provocarle la muerte. Era una metáfora interesante para hablar del envenenamiento que la sociedad produce en estas chicas, a las que convierte en muñecas que no se pueden mover.

pez globo wannabe elisa

Pez globo / Elisa González Miralles

En tu segundo viaje a Japón descubres que las mujeres modifican su aspecto físico para asemejarse a las Love Dolls. ¿Cuáles son los orígenes de esta tendencia?

Desde la publicidad y los medios están inculcando unos estándares de belleza a los que hay que parecerse para ser deseada y aceptada socialmente. Se está apostando por unos modelos de mujeres jóvenes con la piel perfecta. En definitiva, vendiendo algo que no existe y que ocasiona una frustración en la sociedad, sobre todo en el ámbito femenino, ya que si desde pequeña estás viendo que tienes que parecerte a eso, ¿cómo no vas a estar envenenada? Y se trata de un problema global que afecta a todo el mundo.

Yo lo he percibido de una manera más perturbadora. Al ser extranjera y no estar impregnada de la cultura japonesa he sido capaz de tomar distancia y hacer una valoración más objetiva. El impacto es directo y puedo establecer con más claridad ese juego visual muñecas-mujeres, de tal forma que cuando el espectador vea una foto se encuentre en la tesitura de no poder discernir cuál de ellas es real.

¿Qué representan las Love Dolls para ti?

Las love dolls representan el ideal de belleza que la sociedad nos impone. Personalmente me producen cierta inquietad porque, si bien es cierto que son juguetes sexuales, también pretenden ejercer como un sustitutivo de la mujer, pero de un tipo de mujer concreta; que no envejece, que no se puede quedar embarazada y que no protesta. No puede evitar pensar en que hay mucho de perverso en el ideal de que la mujer perfecta es la que nunca se queja y la que siempre va a estar dispuesta para ti.

¿Es un prototipo que también se repite en Occidente?

Por supuesto, en Occidente estamos igual de presionadas pero al menos aquí luchamos contra este tipo de paradigmas. En Japón, en cambio, aunque tecnológicamente están muy avanzados son una sociedad muy conservadora y de tradiciones profundas, donde la mujer, en todos los ámbitos, tiene una posición desventajosa frente al hombre. Es muy sorprendente la dualidad entre los avances tecnológicos y el atraso en valores sociales. Japón es una gran potencia industrial, pero relega a las mujeres a una posición de muy baja estima.

Elisa González Miralles en la exposición de ‘Wannabe’

La antropóloga francesa Agnès Giard, en su libro ‘Un deseo de humano: las Love Dolls en Japón’, asocia la fabricación de estas muñecas no sólo a un componente sexual, sino a la tradición religiosa y cultural del país, donde es habitual tratar como seres vivos a objetos inanimados. ¿Qué credibilidad tiene esto?

Creo que para entenderlo hay que conocer muy de cerca la cultura japonesa. Sin ser historiadora, pero por las temporadas que he pasado allí y por mis conocimientos de la religión sintoísta, entiendo que, si dotan de alma a objetos inanimados pueden llegar a pensar que se trata de una compañía real. Es algo cultural y hay que aceptarlo. Es difícil para nosotros, porque tenemos una visión muy occidentalizada y una religión muy diferente a la suya, donde la culpa y el pecado están por encima de todo.

Agnès Giard sostiene, además, que los pueblos orientales disfrutan de una mentalidad más amplificada y que por tanto no se puede hacer un análisis desde la perspectiva única de la perversión sexual o la incapacidad afectiva.  

Es un punto de vista aceptable. Puedo llegar a entender la relación que los japoneses establecen con ciertos objetos pero percibo una importante carencia afectiva. Aunque pasara muchos años allí no creo que pudiera asemejar mis sentimientos a los suyos. Supongo que es una cuestión de educación.

Hablamos de una industria millonaria creada por y para el disfrute sexual de los hombres. ¿Crees que el debate está en si los objetos pueden tener alma o en si detrás de su fabricación hay una cultura y una sociedad ultra machista?

En el caso de las muñecas se dan ambas cosas. El machismo existe y es imperante, pero creo que la humanización de los objetos es más una cuestión de tradición religiosa.

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Fotografía de una ‘love doll’ / Elisa González Miralles

¿Utilizan los japoneses las tradiciones como un pretexto para ocultar la cosificación de la mujer? 

Pero es que en Japón también hay un componente de compañía. Los japoneses visten a estas muñecas, las llevan de pícnic… por tanto también se da una relación afectiva, no solamente sexual, con la que pretenden paliar las carencias sentimentales y la ausencia de contacto físico. Me parece que su forma de relacionarse, donde es un tabú decir lo que piensan y mostrarse tal y como son, fomenta esa relación tan particular que tienen con los objetos. Pero insisto en que la dotación de alma nada tiene que ver con el machismo.

¿Por qué no existen los muñecos masculinos?

Porque se trata de una industria dirigida por y para los hombres, donde conviven la tradición religiosa con el machismo de una sociedad que desplaza a las mujeres a posiciones de menor rango.

¿Qué tipo de sociedad se fomenta con el ideal de una mujer sexualizada, sumisa y siempre dispuesta para las necesidades de los hombres? 

Una sociedad frustrada, desde el punto de vista femenino, de necesidad de convertirte en algo que no vas a poder ser y de cumplir una expectativas inalcanzables. Una sociedad de mujeres insatisfechas que no pueden aspirar a nada más que lo preestablecido por la educación y las tradiciones.

En España se producen muchos casos de anorexia porque las chicas jóvenes, que están en una edad muy influenciable, quieren ser como las modelos de revista. En Japón, donde la presión social es aún más asfixiante, las mujeres están obligadas a cumplir con una serie de expectativas, o de lo contrario se convierten en un desperdicio social. Un rechazo que está directamente relacionado con los altos niveles de suicidios y con las dificultades de los jóvenes japoneses para establecer relaciones personales más allá de internet. En España, todavía, no tenemos está dimensión del problema, y digo todavía porque de seguir sus pasos…

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Exposición de ‘Wannabe’ / Elisa González Miralles

Cuando escuchas el discurso de que los hombres también están sometidos al canon del modelo guapo y musculoso, ¿qué opinas?

Pues que no es comparable con lo que hacen con nosotras. No vemos modelos masculinos esqueléticos anunciando jerseys. Todos los ámbitos de la sociedad están dirigidos por los hombres y la moda es especialmente perversa con las mujeres. Tenemos que adaptarnos a unos parámetros muy rígidos que han elegido para nosotras, mientras que ellos tienen un abanico más amplio de posibilidades. La depilación, por ejemplo.

 Un hombre puede permitirse ser gordo y feo.

Efectivamente, puede permitírselo, y una mujer no. Un hombre puede tener éxito sin importar el físico, pero la mujer, además de exitosa, debe ser guapa y lo más delgada posible. El éxito en la mujer está más ligado al físico que a la inteligencia.

¿Y esto se puede cambiar?

Sí, al menos desde el mundo del arte se están empezando a hacer cosas pero es un ámbito muy pequeño. Además, la influencia del arte y la cultura no es la misma en todos los estratos de la sociedad.  El cine, por ejemplo, es una buena herramienta para luchar por la igualdad porque llega a todos los sitios.

¿Crees que la publicidad y los medios de comunicación son vitales en este punto?

Totalmente, porque la persona que coge una revista y ve a niñas esqueléticas recibe un mensaje que persigue un modelo de comportamiento interesado. Al fin y al cabo, es más sencillo educar borregos. Por otro lado, ojalá desaparezca pronto la televisión, espero y deseo que no le quede mucho de vida, por toda la basura de programas que nos están metiendo. Yo no la veo, pero creo que debe ser sencillo engancharse a un reality show. Vuelves a casa al cabo del día, agotado y con problemas, y estos programas tienen la facultad de anestesiar y anular la capacidad crítica. Tenemos que ser más críticos con la información que consumimos. Normalmente no lo somos porque no nos han enseñado a pensar.

¿El arte debería ser siempre una forma de activismo?

Para mí es un compromiso. A través del arte se mandan mensajes. Yo no me considero activista de nada pero siempre trato de ser analítica, o al menos intento tener una visión crítica con el mundo. Mi obra es una incitación al pensamiento crítico, una pregunta que provoca una reflexión para que luego cada uno saque sus propias conclusiones.

¿Dónde y cuándo tendrá lugar la próxima exposición de “Wannabe”?

El 11 de mayo en la sala de exposiciones del canal de Isabel II, donde se inaugura una muestra colectiva comisariada por Jesús Micó, que es el responsable de los cuadernos de la Kursala de Cádiz y que está apostando por las nuevas generaciones de fotógrafos para conseguirles visibilidad y financiación.

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