Acción Ciudadana

Publicado en: 15 mayo, 2016 | Por PabloMM

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La Morada se echa a la calle

El CSOA La Morada saca sus actividades a la calle tras el desalojo del edificio que ocupaban.
Javier Barbero, delegado de Seguridad del Ayuntamiento de Madrid, muestra “dudas razonables” con respecto a la legalidad de la intervención policial.

Los miembros del Centro Social Okupado Autogestionado de La Morada han sacado sus actividades a la calle tras el desalojo efectuado por la policía el pasado miércoles, 20 de abril, del edificio que llevaban ocupando desde septiembre de 2012, en el número 5 de la calle Casarrubuelos, en el madrileño barrio de Chamberí. En un ambiente festivo que ha tenido lugar en la céntrica calle de Fuencarral, los diferentes colectivos que forman La Morada han desarrollado talleres de yoga, bailes de swing, breakdance, actividades infantiles y una batucada, con gran presencia de vecinos, sin que se hayan producido incidentes.

Iniciamos nuestro recorrido hablando con Isabel, economista de carrera y estudiante de un máster que en su tiempo libre participa en el taller de swing. Todos los viernes un grupo de vecinos y vecinas del barrio se reunía en La Morada para pasar unas horas bailando al ritmo de la música, en una actividad gratuita y de acceso libre que cuando el buen tiempo lo permite trasladan al aire libre de la Plaza de Olavide. “Queremos hacer barrio a través de la participación vecinal”, asegura Isabel, que ejerce como profesora de inglés en una academia. Ella es sólo un ejemplo de las muchas personas que prestan obra y palabra al proyecto de La Morada, un grupo heterogéneo formado por todo tipo de hombres y mujeres, alejados de las etiquetas utilizadas habitualmente para desacreditar la labor de los centros sociales okupados y autogestionados.

Miembros de La Morada bailan un swing con los vecinos.

Miembros de La Morada bailan un swing con los vecinos.

Gabriel es otro de esos ejemplos. Químico de carrera e ingeniero ambiental prejubilado, ejerce ahora de experimentado bailarín y enérgico defensor de sus compañeros a los que define como “unas personas generosas y alegres con ganas de desarrollar actividades que enriquezcan la vida del barrio”. Ahora, con el centro desalojado, Gabriel planea “seguir colaborando con todo lo que se pueda” y es que se trata de un hombre con una vitalidad incansable que también presta su colaboración en Montamarta y La Villana, otros espacios vecinales, similares a los de La Morada, que han florecido en Madrid como respuesta a la falta de actividades culturales y de ocio gratuitas y al desuso y abandono de grandes edificaciones.

 

Marina, una de las activistas.

Marina, una de las activistas.

Jornada reivindicativa

Aprovechando la presencia de vecinos y curiosos, los activistas han dado debida cuenta de las labores que han venido desarrollando durante estos últimos cuatro años. Teresa, a pesar de su juventud, es una de las veteranas. Participó en la ocupación inicial, allá por 2012, de un edificio que, según recuerda, “llevaba 10 años abandonado“. Se nota en sus hechuras que ha tenido que defender su discurso en más de una ocasión. Se define como integrante del movimiento okupa y defiende su derecho a la “autogestión” y a crear “redes y actividades de acción social para hacer barrio” al margen del marco legal, que califica como “represivo”. Asegura que durante los primeros meses fueron “casa por casa” explicando a los vecinos las actividades que realizaban, y aunque reconoce problemas “puntuales” con “algunos” de ellos, afirma que “se solucionaban en el momento”. Denuncia la “ilegalidad” del desalojo y los “fines especulativos” del propietario del inmueble, Ignacio Moreno, dueño de la inmobiliaria Inmoglaciar quien, según Teresa “nos ofreció 22.000 euros para que nos fuéramos”, oferta que rechazaron “porque nuestra voluntad no se compra con dinero”, sentencia.

Tere, como todos allí le llaman, lleva una pancarta reivindicativa colgada de los hombros muy similar a la de Marina, una joven de apenas 20 años que habla con nosotros un tanto desconfiante, sabedora de que algunos medios han simplificado hasta el ridículo el trabajo que llevan a cabo. “Hablad bien de nosotros”, nos pide. De sus palabras se desprende que para Marina, La Morada es algo más que un espacio físico para el desarrollo de actividades: “He conocido a las mejores personas de mi vida, tengo la libertad de hacer cosas que me gustan”.

“La Morada no es un edificio, La Morada es un proyecto”

Continuamos nuestro trayecto cuando de repente un hombre que pasea por la calle espeta con tono peyorativo : “¡Sois de Podemos!”. Se lo dice al colectivo Despensa Solidaria Chamberí otro de los grupos integrados en La Morada que lleva algo más de año y medio recogiendo alimentos para 16 familias necesitadas. Ellos, que niegan cualquier afiliación política, han colocado para la jornada de hoy un puesto en la entrada de un supermercado en el que informan a los clientes de su labor para que, aquellos que lo deseen, puedan colaborar entregando alimentos y enseres de primera necesidad. Las familias receptoras participan activamente en la recogida de los productos que después son distribuidos según las necesidades específicas de cada una, independientemente de su lugar de origen, raza o credo religioso.

Puesto de recogida de alimentos de la Despensa Solidaria de Chamberí

Puesto de recogida de alimentos de la Despensa Solidaria de Chamberí

Ante el futuro incierto que se vislumbra tras el desalojo, una de las jóvenes que participa en la Despensa Solidaria y que prefiere no revelar su nombre, resume en una frase el espíritu que acompaña a toda la gente con la que hemos tenido ocasión de hablar: “La Morada no es un edificio, La Morada es un proyecto”.

Los hechos

El pasado miércoles, 20 de abril, dos vigilantes de seguridad privada accedieron a un edificio situado en el número 5 de la calle Casarrubuelos de Madrid, lugar que durante los últimos cuatro años se había convertido en la sede del Centro Social Okupado Autogestionado La Morada. Aprovechando que no había nadie en su interior, los vigilantes de seguridad, contratados por la propiedad, forzaron la puerta de acceso y se atrincheraron en el inmueble impidiendo el acceso de los vecinos. Según la versión de la policía, en el momento de su llegada, un grupo de unas 30 personas habían logrado finalmente entrar en el edificio. Alrededor de las 19:00 horas los agentes consiguieron desalojar el inmueble procediendo a la detención de 32 personas, tres de ellas menores de edad, que horas más tarde fueron puestas en libertad con cargos acusadas de delitos de resistencia y desobediencia a la autoridad y usurpación de bienes e inmuebles.

Por su parte, la abogada de La Morada recuerda que en septiembre de 2015 la propiedad del inmueble solicitó al juez el desalojo del mismo, petición que fue desestimada en un auto del 16 de octubre de ese mismo año. En diciembre, el magistrado acordó el sobreseimiento provisional de la causa, decisión que fue recurrida por la propiedad. A fecha de hoy, el caso se encuentra en la Audiencia Provincial, que notificó a las partes la recepción de las actuaciones, sin que hasta el momento “se haya acordado la restitución del inmueble a su titular”, asegura la letrada. Además, ha interpuesto una denuncia en el juzgado para pedir la devolución del edificio a La Morada ya que, según reza el escrito, son los que desde septiembre de 2012 “hacen uso del inmueble realizando infinidad de actividades sociales para todos los vecinos del barrio de Chamberí y de la ciudad de Madrid”.

Imagen del proyecto "Residencial Chamberí".

Imagen del proyecto “Residencial Chamberí”.

La postura de los miembros del Centro ha encontrado respaldo institucional en la figura de Javier Barbero, Delegado de Salud, Seguridad y Emergencias del Ayuntamiento de Madrid, quien dice tener “dudas razonables” de que la intervención policial se ajuste a la legalidad: “Las informaciones que tengo, y uno no tiene siempre toda la información, es que la intervención es de dudosa legalidad, y eso me preocupa mucho porque yo creo, y siempre he defendido, el principio de legalidad en la actuación policial”, ha asegurado Barbero en declaraciones a la agencia EFE.
En la misma línea se ha manifestado Rita Maestre, portavoz del gobierno municipal que ha destacado que el desalojo había sido “negado por un juez”, llegando a calificar la actuación policial como “claramente desproporcionada que no se corresponde con el sentir del barrio”.

Ignacio Moreno, propietario del recinto, ha rehusado hacer declaraciones al respecto de lo acontecido. En la página web de su inmobiliaria ya anunciaba los planes que tenía para el edificio: “Residencial CHAMBERÍ es un proyecto exclusivo y diferenciador de la zona, en el que hemos intentado diseñar un espacio moderno y actual, en el que se van a construir 10 viviendas, todas de 2 dormitorios, con plaza de garaje, trastero y piscina”. En la actualidad, el anuncio y las imágenes del proyecto han sido retiradas de la web.


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PabloMM



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