Acción Ciudadana

Publicado en: 26 enero, 2017 | Por Rodrigo Cetina Presuel

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La Marcha de las Mujeres: una muestra de solidaridad

El sábado pasado, millones de personas salieron a las calles de muchas ciudades de los Estados Unidos para participar en la llamada Marcha de las Mujeres.

Quien escribe tuvo la oportunidad de ser parte de la manifestación en la ciudad de Boston donde se dieron cita unas 175,000 personas según cifras oficiales. La gente se congregó en el histórico Boston Common, parque con gran carga simbólica por ser esta ciudad del estado de Massachusetts, en donde ahora resido y trabajo, uno de los lugares en donde se gestó la lucha por la independencia norteamericana.

Asistí a la marcha como esposo, como hijo, nieto, hermano y amigo de mujeres a las que admiro y con la convicción de que defender los derechos de todas las mujeres es algo necesario y también es el deber de todos los miembros de la sociedad. Asistí convencido de alzar la voz no solo en defensa de nuestro presente sino también de nuestro futuro y convencido de que el camino correcto hacia una sociedad más libre pasa por la igualdad.

Lo que me encontré junto con un grupo de profesores y estudiantes de la Universidad de Tufts, entre ellos mi esposa, fue gente que venía de todas partes del estado de Massachusetts, pero también de estados vecinos de la región de Nueva Inglaterra como New Hampshire o Rhode Island. No faltaron tampoco historias de gente que viajó de Massachusetts a Washington, D.C. para marchar ahí en respuesta a la convocatoria original.

Parque Boston Common en La Marcha de las Mujeres

Parque Boston Common en La Marcha de las Mujeres

Pero también me encontré una marcha de solidaridad. A pesar del nombre, el foco no fueron solamente los derechos reproductivos o la igualdad laboral para la mujer. Igual importancia tuvieron preocupaciones relativas al giro autoritario y nacionalista del nuevo ejecutivo norteamericano o a la agenda conservadora del Senado y Congreso controlados por el partido Republicano y las consecuencias de sus políticas para todo tipo de personas sin importar su estatus migratorio, origen nacional, étnico o racial, creencias, situación económica o identidad sexual (mis disculpas a cualquier grupo que haya podido omitir), o para el medio ambiente.

Antes de comenzar la marcha simbólica, no más de 20 calles entre el Boston Common y un ida y vuelta por Commonwealth Avenue, varias personas en representación de distintas instituciones (el alcalde de la ciudad, la NAACP, la ACLU, entre otras) hicieron referencia a la importancia y voluntad de defender los derechos de todas las mujeres, pero también de toda la comunidad LGBTQ, para luchar porque todos tengan más y mejor acceso a los servicios de salud y no menos como parece querer la entrante administración (preocupación que comparte también el gobernador de Massachusetts, un Republicano) y también los intereses de todos los residentes de la ciudad sin atender a su situación migratoria, mención especial para la comunidad hispana y musulmana, bajo el entendido de que son todas las personas, sean las que han estado aquí desde el principio, o por varias generaciones, o las que acaban de llegar, la fuerza que mueve a la ciudad, al estado y al país.

La Fiscal General del Estado de Massachusetts, Maura Healey dejó claro que su oficina estaba lista para llevar a la entrante administración a los juzgados (“we’ll see you in Court”) si intentaba infringir en los derechos de los residentes del estado, citando ejemplos anteriores, como es el caso del matrimonio igualitario.

La Senadora Demócrata por el estado, Elizabeth Warren, verdadera superestrella de la política en este país, recalcó su apoyo a todas esas causas y que lucharía por todas ellas en representación de su circunscripción, oponiéndose a cualquier política de la administración entrante que pudiera vulnerar los derechos de cualquiera de los grupos presentes. Algo que encendió a los asistentes fue el momento en que grito al micrófono que no se iba a construir “ese estúpido muro”.

Lo último es un buen ejemplo del ambiente vivido en la manifestación, organizada y liderada por mujeres pero abierta a todos: solidaridad. Todos tenemos algo por lo que queremos marchar pero también estamos unidos por una voluntad de disidencia en donde la gente entiende que a la administración entrante no se le debe de permitir ni una sola y que el camino está en el defender los derechos de tu vecino tanto como los tuyos. Nadie está solo, lo cual, frente a una retórica de división, de enfrentamiento, y de America First (léase el beneficio de unos pocos y que se joda el resto) el antídoto es buscar la unión con los demás, y enfrentar lo que se viene juntos, teniendo presente que la democracia no es un deporte para espectadores como rezaba una de las muchas pancartas.*

Pancartas feministas en La Marcha de las Mujeres

Pancartas feministas en La Marcha de las Mujeres

Está por verse si una manifestación nacional (e internacional), que reunió a millones de personas, y que en ciudades como Washington, D.C. o Los Ángeles congregó a más gente que el acto de toma de posesión presidencial (y que rápidamente puso a Trump y su staff a la defensiva) puede configurarse y convertirse en un verdadero movimiento político que dé frutos en las siguientes elecciones dentro de dos años.

Mientras tanto esta Marcha de las Mujeres, organizada por ellas, pero para todos, esta marcha de solidaridad, ha logrado dos objetivos importantes: recordar que la democracia sigue viva y que el camino de la disidencia y el activismo sigue abierto.

Además, después de unos meses en donde los ánimos de muchas personas han estado por los suelos ante el prospecto del presidente Trump, la marcha devolvió la sonrisa a muchos y en el ambiente había un sentimiento de esperanza generalizado. Al principio había una atmósfera de resistencia y reivindicación que eventualmente dio paso a un ambiente festivo. En Boston, una ciudad de gente más bien reservada y en estas épocas con un clima gélido la mayoría de los días, no recuerdo un día en donde haya visto más sonrisas por la calle.

*Entre mis pancartas favoritas (el ingenio yanqui, como el español o el mexicano, no tiene límites) están dibujos de úteros haciendo peinetas, una compuesta por una comparsa de personas que deletreaba “d-i-c-k-t-a-t-o-r-!” (un juego de palabras con cretino/ojete y dictador), cientos de referencias al peinado del presidente y su bronceado artificial o una que dio pie a uno de los cánticos favoritos durante la marcha: “hands too small, can´t build the wall”.

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Sobre el Autor

Rodrigo Cetina Presuel

Doctor en Derecho y Políticas de la Comunicación. Profesor en Lasell College (Newton, Massachusetts)



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