Sociedad

Publicado en: 8 mayo, 2017 | Por PabloMM

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Crónica de un montaje policial

Pablo Alberdi (izq) y Jorge Merino (der), sindicalistas de la CNT, se enfrentan a penas que superan los nueve años de prisión por los incidentes ocurridos durante la huelga general del año 2012 en Logroño. El proceso se fundamenta en una declaración policial repleta de incongruencias y dudosos testimonios.

14 de noviembre de 2012. El país se prepara para la segunda huelga general contra el Gobierno de Mariano Rajo en un contexto de profunda crisis económica que el Ejecutivo intenta aplacar con una política de recortes que sangran a las clases populares y ahondan aún más en la brecha de la desigualdad social.

En Logroño, la convocatoria fue todo un éxito. Así lo recuerdan Pablo Alberdi y Jorge Merino, dos sindicalistas de la CNT que llevan desde entonces atrapados en una maraña judicial con la sombra de la cárcel planeando sobre sus cabezas. La policía, la fiscalía y la abogacía del Estado les achacan la responsabilidad de los incidentes que se produjeron en la ciudad al finalizar la protesta y solicitan unas penas que suman más de nueve años de prisión y multas por valor de 5.000 euros.

Pablo participó desde primera hora en los actos programados para la jornada de huelga. En un principio pedían para él una pena de cinco años de prisión pero en uno de los tantos cambios de criterio, las acusaciones han inflado sus pretensiones hasta los seis años y nueve meses, además de una multa de 4.000 euros. Sobre él pesa una inculpación como autor material de desórdenes públicos, atentado a la autoridad con medio peligroso y lesiones a un agente.

Pablo asegura que fue detenido durante la primera carga policial mientras levantaba una pancarta, extremo que se puede confirmar en uno de los vídeos que su defensa ha aportado a la causa. “No tiré ninguna piedra como dice la policía. Las piedras se tiraron cuando la policía carga contra los manifestantes por tercera vez. Para entonces yo ya estaba esposado dentro del furgón policial”, relata en declaraciones a enfoQues.

Jorge ni siquiera estaba allí en el momento de los hechos que se le imputan. Fue el encargado de dar el discurso de fin de manifestación y cuando se marchó a trabajar a una fábrica situada a 50 kilómetros de Logroño, todavía no se había producido ningún tipo de incidente. A la mañana siguiente recibió una llamada de su abogada. Le informa de que Pablo está detenido y de que a él le están buscando: “O te presentas en comisaría o te vas al extranjero”. En un primer momento, Jorge fue acusado de lesiones a un agente, atentado contra la autoridad y desórdenes públicos, delitos por los que la fiscalía solicitaba una pena de nueve años y dos meses de prisión que finalmente ha sido sustancialmente rebajada hasta los dos años y cuatro meses: “Cuando se dieron cuenta de que yo estaba en Navarra trabajando pasaron de acusarme como autor de los hechos a inductor”.

Una cacería contra la CNT

Jorge cometió el error de presentarse en comisaría: “Si alguna vez la policía te buscan no vayas a comisaría. Ve directamente al juzgado porque sino te comes los calabozos de la comisaría y también los de los juzgados”. Tras ser detenido es conducido a una sala donde pudo ver unos papeles con las letras ‘CNT’ señaladas en rojo: “Para que luego digan que no existen las listas negras. Iban a por nosotros porque se estaba trabajando muy bien, movilizando a mucha gente y colaborando con otras organizaciones”.

En la causa hay un tercer acusado, miembro de la UGT, que fue incorporado al proceso en febrero de 2013. “Lo metieron porque creían que era de la CNT”, asegura Jorge. Su defensa ha decidido encarar el juicio con un perfil más bajo y ha declinado los ofrecimientos de hablar con la prensa.

Malos tratos en calabozos

“En los calabozos me dan bastante. Recibo golpes de dos policías. Intentan que yo declare tres o cuatros veces y en cada viaje me dan puñetazos”. El único testigo de los malos tratos que Pablo sufrió es su compañero Jorge, que se encontraba en una celda contigua. “Aquello parecía una película de carceleros”, recuerda. “Empecé a dar golpes y a gritar. Tal fue el escándalo que monté que otros policías bajaron y tuvieron que parar a aquellos agentes que estaban fuera de sí”.

Pablo ha decidido no denunciar lo sucedido por temor “a que toda la policía se ponga en mi contra”, pero asegura que estudiará tomar medidas cuando el proceso toque a su fin.

El próximo 15 de mayo las partes están citadas para explorar una posibilidad de acuerdo. “No creo que eso vaya a suceder, sería algo excepcional”, apunta Endika Zulueta, abogado de Pablo Alberdi, en conversación telefónica con enfoQues. Las defensas coordinadas de los dos imputados piden la libre absolución y aunque los criterios de las acusaciones han ido fluctuando, parece impensable que vayan a recular tras cinco años de litigio.

Zulueta asegura que las pruebas que aporta la defensa no sólo son suficientes para provocar la duda razonable en el juez, sino que además “quedará acreditado que algún policía podría haber faltado a la verdad con conocimiento de causa y por tanto haber cometido un delito”.

Solidaridad

“No le deseo a nadie que le metan esta mierda pero ojalá todo el mundo viva esta experiencia de solidaridad de la gente”. Jorge Merino se emociona cuando habla de la repercusión que su caso ha tenido entre las organizaciones y movimientos sociales de la zona. La plataforma ‘Stop Represión’ ha logrado recaudar con donaciones de particulares el dinero necesario para sufragar los gastos del proceso. “Esto nos pilla sin apoyo social y nos despluman”.

Jorge y Pablo están confiados, aunque no ocultan que el proceso, tan dilatado en el tiempo, ha hecho mella en la moral de estos dos trabajadores que llevan cinco años con la vida embargada por ejercer el legítimo derecho a la huelga y el activismo sindical.

Tocados en la moral pero seguros de continuar en la batalla social: “Estamos cansados pero con ganas de seguir”.


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PabloMM



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